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​Conversando con el activista Peter Tatchell

Peter Tatchell ha sido un activista LGBTI y de derechos humanos desde los años 60 del siglo pasado. Tuve la oportunidad de entrevistarlo sobre los eventos que le han dado forma al movimiento LGBTIQA a través del tiempo.



Has sido un activista por los derechos humanos desde los años 60 y te apasiona tu trabajo. Cuando comenzaste, eras uno de los pocos activistas en UK: ¿qué te hizo emprender esta jornada?     

 

PT: mi pasión por los derechos humanos comenzó, a los 11 años, cuando escuché acerca del bombardeo de una iglesia [de una comunidad afroamericana] en Birmingham, Alabama, USA, en 1963. Cuatro niñas de mi edad fueron asesinadas por racistas blancos. Me horroricé al ver que cualquiera podía matar a otro ser humano, ni hablar de esas cuatro niñas en la iglesia un domingo en la mañana. Eso disparó mi apoyo al movimiento por los derechos civiles de la gente negra, liderado por Martin Luther King. Pero mi primera campaña activa no fue sino hasta 1967, cuando tenía 15 años, contra la pena de muerte en mi pueblo de Melbourne, Australia. Un prisionero, Ronald Ryan, presuntamente había matado de un tiro a un guardia durante una fuga de la prisión. Leí un reporte de prensa sobre la autopsia, que mencionaba la trayectoria de las balas a través del cuerpo del guardia. Deduje que físicamente habría sido casi imposible para Ryan haberle disparado la bala fatal, de acuerdo a los sitios en que estaban parados cuando se dieron los disparos. Ryan fue a la horca igualmente, aunque había una duda razonable respecto a su culpa. Yo estaba en shock. Hasta aquel momento, creía que el gobierno, la policía y los tribunales estaban allí para servir a la gente, pero a partir de aquel momento tuve un escepticismo permanente hacia las autoridades. Pensaba, ¿qué otras cosas no estarán haciendo mal? También hice campañas, mientras estaba en el colegio, por los derechos de los pueblos originarios y contra la participación de Australia en la guerra de Vietnam. No fue sino hasta 1969, a los 17 años, cuando me di cuenta que era gay y comencé a hacer campañas por derechos LGBT —bastante moldeado con las ideas y métodos del movimiento por derechos civiles de la gente negra, incluyendo sus tácticas de acciones directas no violentas y la desobediencia civil. Cuando llegué a London en 1971, con 19 años, me sumergí de inmediato en el recién formado Frente de Liberación Gay, ayudando a organizar muchas de sus protestas atrevidas y provocadoras, como las sentadas en algunos pubs que se negaban a atender «locas» y contra el movimiento cristiano anti-LGBT en el Festival de la Luz. 

Entiendo que has conocido leyendas como Quentin Crisp y Peter Wildeblood y creo que fuiste un buen amigo de Dudley Cave. ¿Crees que esos pioneros estén en peligro de ser olvidados por la Historia?



PT:
tristemente, muchos de los pioneros de nuestro movimiento han sido olvidados, no solo a quienes mencionaste sino también Tony Dyson, Allan Horsfall, Jackie Foster, Antony Grey, Esme Langley y muchos otros. Estamos ante el peligro de una nueva generación LGBT que no sabe nada de sus pasados héroes y heroínas, quienes corrieron riesgos personales para impulsar las libertades que ahora disfrutamos.
Quentin Crisp no pudo entender la necesidad de iguales derechos. ¿Esto es cierto? ¿Crees que era la mentalidad de una generación diferente? ¿Podrías darnos luces sobre esa mentalidad?   

 

 PT: amo y admiro a Quentin Crisp de muchas maneras. Le tomó un valor increíble ser una loca extravagante (en sus palabras) salida del closet en los años 40 y 50, pero nunca se sumó al movimiento LGBTI. Lo odiaba. Solo me encontré con Quentin una vez. Fue un encuentro breve en la calle Charing Cross en 1974. Yo tenía 22 años y llevaba un distintivo de liberación gay que hizo que Quentin reaccionara: «¿de qué te quieres liberar? —y siguió con preguntas similares, rechazando la idea del orgullo gay— ¿de qué estás orgulloso?, no creo en los derechos para homosexuales.» Esta triste conversación resumía lo que Quentin Crisp se había vuelto en lo años 70: una persona ladilla/tocapelotas/rompe cojones frecuentemente arrogante y homofóbica que se odiaba a sí misma. Denunciaba al movimiento gay y se refería mordazmente a la homosexualidad como una «terrible enfermedad.» «El mundo estaría mejor sin homosexuales» — declaraba. En 1997, dijo a The Times que él recomendaría a padres/madres abortar fetos si se pudiera predeterminar que serán homosexuales. «Si la homosexualidad pudiera evitarse, creo que se evitaría.» Otro notable Crispismo fue la sugerencia de que los maricones son tan egocéntricos que están incapacitados para amar y carecen de la capacidad de velar por el bienestar de otras personas. Esta supuesta falta de altruismo es, según Quentin, porque los homosexuales tienen mentes «femeninas.» Era misógino y homofóbico.
Uno de mis primeros recuerdos sobre ti fue la amarga elección de Bermondsey en febrero de 1983, cuando peleaste duro contra reaccionarios homofóbicos. En aquel tiempo, ¿cómo te hizo sentir eso y qué aprendiste entonces? 



PT:
yo era el candidato izquierdista proderechos LGBT laborista, en una época en la que los políticos se oponían a la igualdad LGBT. Fue descrita por muchos comentadores como la más sucia, violenta y homofóbica elección primaria de la historia del UK. Enfrenté una arremetida antigay de los liberales, de cuatro candidatos faschistas, el Real Labour y la prensa. Fue como vivir una guerra civil de bajo nivel. Fui atacado unas 100 veces durante la campaña. Hubo unos treinta ataques en mi apartamento, dos atentados para arrollarme en la calle, un intento de quemar mi casa y hasta dejaron una bala en mi buzón de correo. Recibí cientos de cartas de odio, incluyendo treinta amenazas de muerte. Pintaron slogans anti-Tatchell en todo el municipio, en docenas de paredes, vallas y puentes, incluyendo: «Tatchell es loca», «Tatchell es una marica comunista» y «Tatchell es amante de los negros.» Tuve que enrejar mi apartamento. Había una mentalidad de horda neofaschista con intenciones de linchamiento en mi contra. Muchas veces temí por mi vida. El odio anti-LGBT me hizo sentir en carne propia la escala de la homofobia salvaje que todavía existía. Eso me llevó a renunciar a mi trabajo y dedicarme al voluntariado tiempo completo, sin sueldo, por los derechos LGBT en los siguientes 28 años.          

 

En la segunda parte, Peter nos habla sobre Outrage, supervisión de proyectos y asuntos transgénero.



Traducido por: @TarenTatuy

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